El pasado martes tuve la
oportunidad de asistir junto a unos buenos amigos a la ponencia que
Santiago Abascal, Secretario General de Vox, realizó en el salón de
grados del Campus de Vicálvaro de la Universidad Rey Juan Carlos.
Claro, conciso y sin el mínimo ápice de duda, expuso su ideal de
reforma de Estado, representando a su partido y ofreciendo una visión
alternativa sobre el tema a los jóvenes estudiantes de Ciencias
Políticas, Derecho o ADE que nos habíamos congregado a la hora de
la comida, algunos en busca de créditos y otros en busca de nuevos
conocimientos sobre la materia.
Santiago Abascal, de 37
años y licenciado en Sociología, militó en el Partido Popular
desde su mayoría de edad hasta el pasado año, cuando junto a otros
miembros de la derecha española presentó su nuevo proyecto
político, Vox. Pese a su juventud, fue parlamentario vasco por el
PP, director de la Agencia de la Protección de Datos por la
Comunidad de Madrid, miembro del Parlamento Vasco por Álava,
procurador de las Juntas Generales de Álava por Vitoria, concejal de
Llodio, y en la actualidad es director de la Fundación para el
Mecenazgo y Patrocinio Social y fundador y presidente de la Fundación
para la Defensa de la Nación Española. Toda una vida dedicada a la
política, profesión heredada de su padre y abuelo. Ignacio Camuñas
(ex-ministro de UCD y fundador del PDP), José Luís González Quirós
(militante de UCD, CDS y PP y redactor de los discursos de Adolfo
Suárez y del programa electoral del PP en 1996) o José Antonio
Ortega Lara (ex-funcionario de prisiones que estuvo secuestrado año
y medio por ETA) son algunos de los compañeros con los que el ya
citado Abascal inició este proyecto que tiene a Alejo Vidal Quadras,
otro ex del PP, como presidente del mismo. El descontento ante la
actuación del PP sobre el Caso Gürtel, la política antiterrorista
de los dos grandes partidos y la falta de democracia interna fueron
algunos de los motivos que llevaron a la presentación de Vox en
enero de este mismo año.
El tema principal de la
charla fue, como no podía ser de otra manera, el debate sobre la
división territorial del Estado. Abascal llegó a decir que el Título VIII de la Constitución fue redactado para contentar a
los grupos terroristas y a los nacionalistas, y razón no le falta.
Pero el Estado de las autonomías, lejos de contentar a los
nacionalismos vasco y catalán, y en menor medida el gallego, ha
realzado este sentimiento antipatriótico que tanto nos afecta en la
actualidad. Estos grupos quieren violar la Constitución Española de
1978, madre de nuestra democracia y con la que iniciamos la
regeneración y modernización de un país sumido en una Dictadura
durante cuatro décadas. En su Artículo 2 se declara que “la Constitución
se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española,
patria común e indivisible de todos los españoles”. Les ofreces
la mano y te cogen el brazo, se dice. Este sistema de autonomías,
que provoca el que cada una disponga de unas fuerzas de seguridad o
sanidad independientes, provocaba, en palabras del propio Abascal,
que “los enfermos sean cambiados de ambulancia según estén en una
comunidad u otra”. A mí me resultó un tanto extraño hasta que,
maldita la casualidad, esta misma mañana fallecía una niña de tres
años de la localidad burgalesa de Treviño por un brote de varicela
ya que la sanidad del País Vasco se negó a facilitarle efectivos
sanitarios, obligando a la familia a acudir a un centro de salud
mucho más lejano. Menos comprensible es el que una localidad que
pertenece a Burgos esté fuera del propio territorio de la provincia.
Esta muerte y los casos precedentes (porque los hay, no ha sido un
caso puntual) ha provocado que la ciudadanía se haga la gran
pregunta: ¿para qué sirven las autonomías? Otro dato que Abascal
nos proporcionó es el del despilfarro económico que nos supone a
todos los españoles esta absurda división territorial. Según sus
palabras, mientras que en las últimas tres décadas la población
española ha aumentado un 25%, el aumento de los cargos públicos ha
aumentado un 400%.
La financiación de los
partidos fue un tema que no pasó desapercibido durante el turno de
preguntas, teniendo en cuenta que Abascal y gran parte de sus
compañeros tienen un pasado dentro del Partido Popular, sumido en
una profunda investigación sobre sus “cuentas B”. Santiago no
dudó en afirmar categóricamente que la financiación pública de
los partidos no debería existir en ningún caso, y que la privada
debe estar regulada por una ley de transparencia por el bien de todos
los ciudadanos. Otra de las preguntas destacadas indagó sobre la
sentencia del Tribunal de Estrasburgo tras la derogación de la
Doctrina Parot, ante lo que destacó que fue un error grave por parte
del Gobierno de Rajoy el no imponerse ante la decisión europea,
acción ya realizada por otros países hermanos. En relación, dejó
caer que el Tribunal Constitucional es prescindible, y que dentro del
programa de Vox existe la propuesta de creación de una cámara
parecida, así como la instauración del unicameralismo y,
evidentemente, la supresión de las autonomías. Por último, el
Secretario General de Vox quiso hacer constar su desacuerdo con el
continuo desprecio apoyado por parte de la izquierda ante el
patriotismo, la historia de España y los símbolos de nuestro país,
poniendo como ejemplo a países como Estados Unidos, donde el llevar
con orgullo los colores de tu país no es sinónimo de fascismo como
nos quieren hacer pensar.