Si echamos un vistazo rápido a los cabezas de lista de los dos grandes partidos, vemos a un Arias Cañete que se limita a seguir el lema del partido: la herencia, la herencia, la herencia. Pierda credibilidad o no, les es indiferente, ya que el 90% de sus votantes les serán fieles, dando igual la pésima gestión del Gobierno o sus desacertadas declaraciones sobre la mujer. Mirando hacia la izquierda, vemos a una Elena Valenciano que juega con el papel de su género para ganarse adeptos. No es cuestión de ser machista o no el darse cuenta de que una mujer sin estudios como ella no es la más indicada para representarnos, y mucho menos en el Parlamento Europeo. Además, recordemos que fue capaz de "cuestionar la belleza" de un jugador como Ribéry, quien sufrió un accidente que le desfiguró el rostro. A pesar de todo, estos dos representantes cuentan con una ventaja objetiva, ya que han sido eurodiputados en años anteriores (Miguel Arias Cañete desde el 1987 hasta el 1999 y Elena Valenciano desde el 1999 hasta el 2008).
Supongo que a muchos de vosotros os habrá llegado a casa propaganda electoral de estos dos partidos (los partidos minoritarios no disponen de financiación suficiente para ello) en la que la estrategia consiste en resaltar los errores del partido antagonista y dejar claro que votar a los partidos minoritarios es desperdiciar el voto. ¿Por qué no les demostramos que España no cree en esta dupla que se burla de nosotros? Votemos a los partidos pequeños. Pongamos nuestra confianza en una nueva política, más plural, más democrática, más fiel a nuestros valores constitucionales.
Dejando a un lado el análisis ideológico, echemos un breve vistazo a los partidos como institución. Solo hay que mirar las cantidades gastadas en sus campañas para darse cuenta de que nos están tomando el pelo. Si los partidos pequeños como Vox, Ciudadanos, Podemos, Primavera Europea o RED son capaces de realizar una campaña con unos cientos de miles de euros, ¿por qué PPSOE se gastan más de una decena de millones de euros en las suyas? ¿Cómo podemos permitir que los cuatro grandes partidos se gasten 13 millones de euros únicamente en el envío de papeletas? ¿Por qué los grandes partidos se endeudan y reciben créditos cuando la financiación de los demás proviene casi exclusivamente de donaciones de sus afiliados? Son datos que, mirando de reojo a la miseria que encontramos en las calles, dan pura vergüenza.
Durante la Restauración el turnismo de partidos, facilitado por el caciquismo y los pucherazos, permitió que los dos grandes partidos, conservador y liberal, liderados por Antonio Cánovas del Castillo y Mateo Sagasta, se mantuviesen en el poder durante décadas. Pero como todo lo que no es apoyado por el pueblo, perdió credibilidad. Maura y Canalejas no supieron sustituir a los grandes líderes igual que Rubalcaba o Rajoy siguen a la sombra de José María Aznar y Felipe González. Y no quiero recordaros cómo acabó esta situación. Evitemos vivir sumidos en un bucle infinito en el que siempre salimos perdiendo los mismos, dejemos de apoyar esta farsa democrática, abramos los ojos y usemos nuestro derecho de forma responsable.
Para no extenderme más, simplemente os animo a votar, os animo a apoyar a los pequeños partidos, a expresar la pluralidad y a aprovecha este derecho que tanto tardó en llegar a nuestras manos.