"La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados"

viernes, 23 de mayo de 2014

Votar o no votar no debería ser cuestión

Cuando escucho a la gente expresar su intención de no acudir a las urnas este domingo 25 de mayo, lo comprendo. No lo comparto, pero es entendible viendo la casta que dice representarnos. A veces me da por preguntarme qué pensarán fuera de España sobre nuestros políticos de cara a estas elecciones. La verdad, no creo que sea nada bueno. No hay que ser un lince para darse cuenta de que el bipartidismo ha podrido nuestra cúpula de mando. Como una gran plaga, arrasa allá por donde va, y nosotros no hacemos nada para remediarlo.

Si echamos un vistazo rápido a los cabezas de lista de los dos grandes partidos, vemos a un Arias Cañete que se limita a seguir el lema del partido: la herencia, la herencia, la herencia. Pierda credibilidad o no, les es indiferente, ya que el 90% de sus votantes les serán fieles, dando igual la pésima gestión del Gobierno o sus desacertadas declaraciones sobre la mujer. Mirando hacia la izquierda, vemos a una Elena Valenciano que juega con el papel de su género para ganarse adeptos. No es cuestión de ser machista o no el darse cuenta de que una mujer sin estudios como ella no es la más indicada para representarnos, y mucho menos en el Parlamento Europeo. Además, recordemos que fue capaz de "cuestionar la belleza" de un jugador como Ribéry, quien sufrió un accidente que le desfiguró el rostro. A pesar de todo, estos dos representantes cuentan con una ventaja objetiva, ya que han sido eurodiputados en años anteriores (Miguel Arias Cañete desde el 1987 hasta el 1999 y Elena Valenciano desde el 1999 hasta el 2008).

Supongo que a muchos de vosotros os habrá llegado a casa propaganda electoral de estos dos partidos (los partidos minoritarios no disponen de financiación suficiente para ello) en la que la estrategia consiste en resaltar los errores del partido antagonista y dejar claro que votar a los partidos minoritarios es desperdiciar el voto. ¿Por qué no les demostramos que España no cree en esta dupla que se burla de nosotros? Votemos a los partidos pequeños. Pongamos nuestra confianza en una nueva política, más plural, más democrática, más fiel a nuestros valores constitucionales. 

Dejando a un lado el análisis ideológico, echemos un breve vistazo a los partidos como institución. Solo hay que mirar las cantidades gastadas en sus campañas para darse cuenta de que nos están tomando el pelo. Si los partidos pequeños como Vox, Ciudadanos, Podemos, Primavera Europea o RED son capaces de realizar una campaña con unos cientos de miles de euros, ¿por qué PPSOE se gastan más de una decena de millones de euros en las suyas? ¿Cómo podemos permitir que los cuatro grandes partidos se gasten 13 millones de euros únicamente en el envío de papeletas? ¿Por qué los grandes partidos se endeudan y reciben créditos cuando la financiación de los demás proviene casi exclusivamente de donaciones de sus afiliados? Son datos que, mirando de reojo a la miseria que encontramos en las calles, dan pura vergüenza. 

Durante la Restauración el turnismo de partidos, facilitado por el caciquismo y los pucherazos, permitió que los dos grandes partidos, conservador y liberal, liderados por Antonio Cánovas del Castillo y Mateo Sagasta, se mantuviesen en el poder durante décadas. Pero como todo lo que no es apoyado por el pueblo, perdió credibilidad. Maura y Canalejas no supieron sustituir a los grandes líderes igual que Rubalcaba o Rajoy siguen a la sombra de José María Aznar y Felipe González. Y no quiero recordaros cómo acabó esta situación. Evitemos vivir sumidos en un bucle infinito en el que siempre salimos perdiendo los mismos, dejemos de apoyar esta farsa democrática, abramos los ojos y usemos nuestro derecho de forma responsable.

Para no extenderme más, simplemente os animo a votar, os animo a apoyar a los pequeños partidos, a expresar la pluralidad y a aprovecha este derecho que tanto tardó en llegar a nuestras manos. 

miércoles, 19 de marzo de 2014

Una nueva política es posible

El pasado martes tuve la oportunidad de asistir junto a unos buenos amigos a la ponencia que Santiago Abascal, Secretario General de Vox, realizó en el salón de grados del Campus de Vicálvaro de la Universidad Rey Juan Carlos. Claro, conciso y sin el mínimo ápice de duda, expuso su ideal de reforma de Estado, representando a su partido y ofreciendo una visión alternativa sobre el tema a los jóvenes estudiantes de Ciencias Políticas, Derecho o ADE que nos habíamos congregado a la hora de la comida, algunos en busca de créditos y otros en busca de nuevos conocimientos sobre la materia.
     
 Santiago Abascal, de 37 años y licenciado en Sociología, militó en el Partido Popular desde su mayoría de edad hasta el pasado año, cuando junto a otros miembros de la derecha española presentó su nuevo proyecto político, Vox. Pese a su juventud, fue parlamentario vasco por el PP, director de la Agencia de la Protección de Datos por la Comunidad de Madrid, miembro del Parlamento Vasco por Álava, procurador de las Juntas Generales de Álava por Vitoria, concejal de Llodio, y en la actualidad es director de la Fundación para el Mecenazgo y Patrocinio Social y fundador y presidente de la Fundación para la Defensa de la Nación Española. Toda una vida dedicada a la política, profesión heredada de su padre y abuelo. Ignacio Camuñas (ex-ministro de UCD y fundador del PDP), José Luís González Quirós (militante de UCD, CDS y PP y redactor de los discursos de Adolfo Suárez y del programa electoral del PP en 1996) o José Antonio Ortega Lara (ex-funcionario de prisiones que estuvo secuestrado año y medio por ETA) son algunos de los compañeros con los que el ya citado Abascal inició este proyecto que tiene a Alejo Vidal Quadras, otro ex del PP, como presidente del mismo. El descontento ante la actuación del PP sobre el Caso Gürtel, la política antiterrorista de los dos grandes partidos y la falta de democracia interna fueron algunos de los motivos que llevaron a la presentación de Vox en enero de este mismo año.
    
 El tema principal de la charla fue, como no podía ser de otra manera, el debate sobre la división territorial del Estado. Abascal llegó a decir que el Título VIII de la Constitución fue redactado para contentar a los grupos terroristas y a los nacionalistas, y razón no le falta. Pero el Estado de las autonomías, lejos de contentar a los nacionalismos vasco y catalán, y en menor medida el gallego, ha realzado este sentimiento antipatriótico que tanto nos afecta en la actualidad. Estos grupos quieren violar la Constitución Española de 1978, madre de nuestra democracia y con la que iniciamos la regeneración y modernización de un país sumido en una Dictadura durante cuatro décadas. En su Artículo 2 se declara que “la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”. Les ofreces la mano y te cogen el brazo, se dice. Este sistema de autonomías, que provoca el que cada una disponga de unas fuerzas de seguridad o sanidad independientes, provocaba, en palabras del propio Abascal, que “los enfermos sean cambiados de ambulancia según estén en una comunidad u otra”. A mí me resultó un tanto extraño hasta que, maldita la casualidad, esta misma mañana fallecía una niña de tres años de la localidad burgalesa de Treviño por un brote de varicela ya que la sanidad del País Vasco se negó a facilitarle efectivos sanitarios, obligando a la familia a acudir a un centro de salud mucho más lejano. Menos comprensible es el que una localidad que pertenece a Burgos esté fuera del propio territorio de la provincia. Esta muerte y los casos precedentes (porque los hay, no ha sido un caso puntual) ha provocado que la ciudadanía se haga la gran pregunta: ¿para qué sirven las autonomías? Otro dato que Abascal nos proporcionó es el del despilfarro económico que nos supone a todos los españoles esta absurda división territorial. Según sus palabras, mientras que en las últimas tres décadas la población española ha aumentado un 25%, el aumento de los cargos públicos ha aumentado un 400%.

 La financiación de los partidos fue un tema que no pasó desapercibido durante el turno de preguntas, teniendo en cuenta que Abascal y gran parte de sus compañeros tienen un pasado dentro del Partido Popular, sumido en una profunda investigación sobre sus “cuentas B”. Santiago no dudó en afirmar categóricamente que la financiación pública de los partidos no debería existir en ningún caso, y que la privada debe estar regulada por una ley de transparencia por el bien de todos los ciudadanos. Otra de las preguntas destacadas indagó sobre la sentencia del Tribunal de Estrasburgo tras la derogación de la Doctrina Parot, ante lo que destacó que fue un error grave por parte del Gobierno de Rajoy el no imponerse ante la decisión europea, acción ya realizada por otros países hermanos. En relación, dejó caer que el Tribunal Constitucional es prescindible, y que dentro del programa de Vox existe la propuesta de creación de una cámara parecida, así como la instauración del unicameralismo y, evidentemente, la supresión de las autonomías. Por último, el Secretario General de Vox quiso hacer constar su desacuerdo con el continuo desprecio apoyado por parte de la izquierda ante el patriotismo, la historia de España y los símbolos de nuestro país, poniendo como ejemplo a países como Estados Unidos, donde el llevar con orgullo los colores de tu país no es sinónimo de fascismo como nos quieren hacer pensar.


 Mi intención es, simplemente, presentaros a este joven pero experimentado político y a su partido, que busca la renovación de la política desde dentro y sin abandonar el espíritu conservador. No coincido plenamente en su ideario pero veo acertada la aparición de estas nuevas propuestas políticas con la ilusión de acabar de una vez con el bipartidismo, que no hace más que burlarse del principio constitucional del pluralismo político.